martes, 8 de marzo de 2011

Eat my fear.



Hay gatos muertos en la carretera. Sus cadáveres, putrefactos, se apilan unos sobre otros creando un macabro espectáculo para los amantes de lo necrofílico. 
En la fábrica abandonada, a las afueras de la ciudad, un hombre mantiene en el límite entre la vida y la muerte a decenas de perros a los que va, lentamente, arrancando la piel. Antes de que exhalen su último aliento, a modo de trofeo, lame su sangre mientras se masturba.


En tu estómago se pudre el trozo de carne de un animal muerto.




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