sábado, 8 de enero de 2011
Lo que Holly llamaría un "día rojo".
Hay días en que lo único de lo que tienes ganas es de estar bajo un paraguas a veinte metros de la Torre Eiffel, en los que sientes a millones de hormigas rojas correteando por cada una de tus venas y mordiendo cada milímetro de sus paredes, en los que ves todo tan feo que parece que han cambiado tus lentillas de casi ocho dioptrías por una tela de hormigón y en los que ni siquiera las palomitas con chocolate te parece que están buenas.
En esos días lo mejor que puedes hacer es irte a la cama a las 12 de la noche en punto.
Como Cenicienta.
Pero al revés.
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